La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que la cobertura de vacunación alcance un 75% en mayores de 64 años. Sin embargo, en España las cifras de vacunación se sitúan entre el 59% y 67% y el 75% solo se alcanza en los mayores de 90 años.

· Establecer las coberturas de vacunación en un 75% en los grupos de riesgo podría suponer ahorros adicionales de entre 190 y 226 millones de euros anuales en costes directos, junto con el impacto en eficiencia y capacidad asistencial.

La vacunación evita formas graves de enfermedades inmunoprevenibles como la gripe, la infección por virus respiratorio sincitial (VRS), la neumonía neumocócica y la COVID-19, lo que permite que la calidad de vida no se vea afectada y, por lo tanto, el daño multiorgánico que producen esos virus o bacterias sea menor y no provoquen complicaciones a largo plazo por haber padecido alguna de esas enfermedades, ya que esa desestabilización puede manifestarse de forma inmediata o años después de haber superado la enfermedad.

Por ello, expertos como Ángel Gil, profesor de Medicina Preventiva y salud pública de la Universidad Rey Juan Carlos y miembro de GripExpert, Comité permanente de gripe en España que cuenta con el apoyo de CSL Seqirus, en el marco de la Semana Mundial de la Inmunización, que se celebra del 24 al 30 de abril, apuntan que la vacunación contribuye a la mejora del sistema inmunológico manteniéndolo activo: “Esto sucede a cualquier edad, aunque en función de esta o si hay enfermedades crónicas asociadas, la respuesta será menor, por lo que es necesario emplear vacunas de inmunogenicidad aumentada que garanticen la respuesta en personas mayores y/o con enfermedades crónicas”, subraya Gil.

Ante la relevancia de sensibilizar a los profesionales sanitarios y a la población sobre la importancia de la vacunación, el especialista incide en que es necesario aumentar los esfuerzos para alcanzar cifras que se aproximen a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud: 75% en mayores de 64 años de edad. “Sin embargo, las cifras actuales están por debajo situándose en los últimos años entre el 59% y 67%, según la temporada y la región. El 75% solo se alcanzan en los mayores de 90 años y en la población institucionalizada”, señala Gil.

Los especialistas hacen hincapié en que la vacunación en personas mayores reduce entre un 26% y un 41% las hospitalizaciones. Además, en adultos de 45 años o más, los costes de las enfermedades infecciosas respiratorias representaron aproximadamente 134,1 millones de euros en 2015, es decir, del 63,9% de los costes directos totales de todos los

grupos de edad, el 39,5% estaban relacionados con la gripe, por lo que el experto apunta que “cuanto mayor sea la cobertura de vacunación, mayor será la reducción de hospitalizaciones o formas graves de la enfermedad”.

En esta línea, Javier Castrodeza Sanz, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública en la Universidad de Valladolid, jefe de Servicio de Medicina Preventiva y Salud Pública del Hospital Clínico Universitario de Valladolid y miembro de GripExpert, sostiene que el valor de la vacunación no reside solo en el ahorro económico directo, sino también en su capacidad para mejorar la eficiencia del sistema sanitario: “menos ingresos por gripe supone una mejor utilización de los recursos existentes y una mayor sostenibilidad del sistema, especialmente en un contexto de envejecimiento poblacional”.

Aumentar la inmunización permitiría un ahorro de hasta 226 millones de euros anuales

Asimismo, en términos de hospitalización, el impacto de la cobertura de vacunación es notable: en España, la gripe genera cada año alrededor de 29.000 hospitalizaciones, 2.200 ingresos en UCI y más de 1.600 fallecimientos, que aumentan en temporadas de mayor intensidad, además de un coste directo de alrededor 128 millones de euros por campaña. Los expertos destacan que la vacunación ha demostrado una efectividad próxima a un 44% para reducir hospitalizaciones, evitando que casi la mitad de los casos requieran ingreso, así como una menor utilización de recursos sanitarios. Desde el punto de vista económico, mejorar las coberturas de vacunación hasta el 75% en los grupos de riesgo podría suponer ahorros adicionales de entre 190 y 226 millones de euros anuales, junto con el impacto en eficiencia y capacidad asistencial.

En cuanto a la erradicación de la gripe, Castrodeza subraya que es imposible que se pueda producir actualmente: “el virus A no es erradicable, ya que circula en animales, y a diferencia de otras infecciones, el virus gripal B presenta una alta capacidad de mutación y variabilidad genética, lo que obliga a actualizar la vacuna cada temporada y dificulta la eliminación completa de su circulación”. En relación a los fallecimientos, el experto destaca que se producen por diferentes factores: “la gripe afecta especialmente a personas mayores y pacientes con enfermedades crónicas, que presentan un mayor riesgo de complicaciones”.

Además, manifiesta también que “las coberturas vacunales aún se sitúan por debajo de los objetivos recomendados, lo que limita el impacto potencial de la vacunación a nivel poblacional y, además, la gripe no solo provoca infección respiratoria, sino que puede desencadenar complicaciones graves, como eventos cardiovasculares, deterioro funcional o descompensaciones de patologías previas, que incrementan el riesgo de ingreso y mortalidad”.

No obstante, Castrodeza mantiene que, aunque no sea erradicable, la gripe es, en gran medida prevenible, “por lo que mejorar las coberturas vacunales sigue siendo la herramienta más eficaz para reducir su impacto en términos de hospitalizaciones, complicaciones y fallecimientos”.

Equidad en la vacunación, fundamental

Por otra parte, la equidad en las coberturas vacunales es esencial para garantizar una protección homogénea de la población y evitar desigualdades en salud. En la actualidad, persisten diferencias relevantes entre comunidades autónomas y entre distintos grupos poblacionales, con coberturas que, en algunos casos, se sitúan por debajo del 60% e incluso alrededor del 50%. También existen diferencias en cuanto a los tipos de vacunas utilizadas, ya que no todas las comunidades utilizan vacunas de inmunogenicidad aumentada para los mayores de 60 años.

Estas desigualdades tienen un impacto directo en la incidencia de la enfermedad, las hospitalizaciones y la mortalidad, especialmente en los colectivos más vulnerables, como las personas mayores o con patologías crónicas. Desde la perspectiva del sistema sanitario, una cobertura y distribución equitativa no solo mejora los resultados en salud pública, sino que permite una mejor planificación y distribución de recursos, evitando que determinadas regiones soporten una mayor presión asistencial durante las epidemias estacionales.

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