De ellas, entre un 20 y un 30% va a desarrollar una segunda infección en los seis meses siguientes.

· Los factores de riesgo son conocidos: relaciones sexuales frecuentes, uso de dispositivo intrauterino (DIU), espermicidas, embarazo, menopausia, prolapso órganos pélvicos, incontinencia y la diabetes mellitus.

 Las secciones de Urología y Medicina Familiar y Comunitaria de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao acaban de celebrar en Bilbao la III Jornada de actualización ginecológica y urológica en el ámbito de la atención primaria, una iniciativa dirigida a profesionales sanitarios y estudiantes. La presentación de la iniciativa corrió a cargo de los presidentes de ambas secciones, respectivamente, los doctores José Gregorio Pereira Arias y José Manuel llamazares.

Las infecciones urinarias de repetición en mujeres, el manejo del paciente después de un cólico nefrítico, cuándo derivar al urólogo un paciente con síntomas del tracto urinario inferior y la irrupción en el mercado de un nuevo fármaco no hormonal para el tratamiento de los sofocos asociados a la menopausia, fueron los temas abordados por el Dr. Pereira Arias, jefe del departamento de Urología en Urología Clínica Bilbao-Clínica IMQ Zorrotzaurre; el Dr. Jorge Robalino Aldaz, urólogo de este mismo centro hospitalario; y el Dr. Borja Otero, ginecólogo del Hospital Universitario Cruces y del Instituto de Ginecología y Obstetricia Bilbao-Clínica IMQ Zorrotzaurre.

En la primera ponencia, fue el propio Dr. Pereira Arias quien trató las infecciones de orina de repetición en mujeres. «Hablamos de un problema frecuente, con una prevalencia elevada, donde una de cada tres mujeres ha tenido una infección antes de los 24 años; y entre un 20 y un 30% va a desarrollar una segunda en menos de 6 meses. Es un problema sociosanitario relevante, dado el absentismo laboral que genera, el impacto en la calidad de vida de las pacientes, el riesgo de generar resistencias bacterianas por el uso indiscriminado de antibióticos y el no menos peligroso riesgo de acabar con una sepsis urinaria».

Se considera la existencia de una infección urinaria de repetición cuando se dan más de dos casos en seis meses o más de tres episodios en un año. Menos de estos episodios se tratan de manera aislada, como cualquier infección.

Los factores de riesgo, según detalló el experto, «son de sobra conocidos: relaciones sexuales frecuentes, uso de dispositivos intrauterinos (DIU), espermicidas, embarazo, menopausia, prolapso órganos pélvicos, incontinencia y la omnipresente diabetes mellitus».

Diagnóstico

El diagnóstico se realiza mediante un urocultivo, siendo más comunes en estos casos la constatación de la presencia de los bacilos gramnegativos y la conocida Escherichia Colli.

En ocasiones, se hace preciso realizar pruebas de imagen por parte del especialista para descartar mediante ecografía la presencia de cálculos urinarios u otras lesiones del revestimiento interno del tracto urinario (lesiones uroteliales), dado el carácter recidivante del cuadro clínico.

Tratamiento

El urólogo de IMQ recordó las recomendaciones generales para los pacientes en estos casos: «no demorar la micción, miccionar antes y después del coito, mantener una buena ingesta de líquidos diaria, evitar el estreñimiento y mantener una higiene genital adecuada. Es importante mantener una flora vaginal normal y preservar nuestros lactobacilos, ya que permiten generar un entrono ácido que resulta incómodo para las bacterias. Se pueden administrar por vía oral o local este tipo de probióticos».

En su abordaje terapéutico, se realiza una biopresión sobre el nicho ecológico: «esto significa, sencillamente, complicar la presencia y adherencia bacteriana al entorno uro-ginecológico».

En el caso de las mujeres postmenopáusicas sin riesgo de tumores dependientes de estrógenos, los especialistas pueden recurrir a la administración de estriol (una hormona sexual femenina del grupo de los estrógenos) por vía intravaginal «para mejorar el trofismo local que permita mantener la flora y el sistema defensivo activo».

Otra medida apuntada por el Dr. Pereira consiste en mermar la capacidad de fijación bacteriana a la superficie urotelial y vesical. Para ello se dispone de distintos productos o extractos. «El consumo de arándanos rojos de manera regular permite liberar una sustancia, la proantocianidinas (PAC), que recubren la superficie urinaria y que disminuyen la adherencia de patógenos y, por ende, la recurrencia de infecciones a dicho nivel. Existen muchos preparados comercializados que incluso ayudan a acidificar la orina, haciendo más incómoda la vida de estas enterobacterias».

En otro escenario, se puede administrar D-Manosa que actúa directamente sobre esas fimbrias (estructuras filamentosas de la superficie de las bacterias, que les permiten adherirse a los tejidos y entre ellas), inhabilitándolas y reduciendo su adhesividad. Todos estos preparados se comercializan combinados para mejorar su eficacia y carecen de efectos secundarios relevantes», apuntó el también presidente de la sección de Urología de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao.

Con menos frecuencia se recurre a instilar, mediante una sonda uretral, glicosaminoglicanos en la vejiga para restaurar esa superficie dañada y mejorar la defensa barrera frente a las bacterias patógenas.

Y un último escalón preventivo, tal y como enumeró el Urólogo de IMQ, se encuentra en el empleo de «autovacunas desarrolladas con las propias bacterias de la paciente, previamente identificadas y cultivadas, permitiendo la exposición a sus antígenos por vía nasal u oral durante 2 o 3 meses, incrementando las inmunoglobulinas A que permiten actuar frente a cualquier intento de colonización bacteriana, reduciendo el número de reinfecciones».

El objetivo final de todas estas medidas es minimizar la colonización, adhesión y permanencia de las bacterias en la vía urinaria por distintos medios, pero en ocasiones y ante su fracaso no existe otra opción que emplear antibióticos. «En este caso, se seleccionan aquellos más apropiados al germen implicado y de menor toxicidad y riesgo de resistencias. Cuando la infección se relaciona con las relaciones sexuales, se emplean monodosis pre o postcoitales. En los casos de recidiva frecuente, se puede recurrir a dosis nocturnas durante seis meses e, incluso, pautas más largas. Lo importante es la adecuada monitorización y seguimiento».

Existencia de bacterias sin aparición de síntomas

Por último, el Dr. Pereira sacó a colación los casos en los que se presentan bacterias en los cultivos de orina sin que las pacientes presenten síntomas. «Es lo que se conoce como bacteriuria asintomática y no necesita ser tratada con antibióticos, salvo gérmenes poco habituales o pacientes embarazadas, inmunodeprimidas, en tratamiento con corticoides, diabetes mellitus o instrumentación de la vía urinaria», concluyó.

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