•Gabriel Heras, creador y director del Proyecto HU-CI, humanizando los cuidados intensivos, sostiene que “ni el coronavirus nos puede sustraer a la humanidad el derecho a la compañía en la despedida”. 

Intensivistas de una UCI con un paciente contagiado por el Covid-19

@nekanelauzirika vía @elmedicointeractivo

Si nos estamos planteando que alguien se tiene que morir solo porque no hay un equipo de EPI tenemos que hacer una profunda reflexión de qué sociedad tenemos. Porque hay cosas, como la despedida en los últimos momentos de la vida de una persona, que ni el coronavirus nos lo puede restar a la humanidad”, indica a EL MÉDICO INTERACTIVO Gabriel Heras, creador y director del Proyecto HU-CI, humanizando los cuidados intensivos, que agrupa a 25 centros nacionales e internacionales con el fin de realizar una medicina más cercana al paciente y más respetuosa con sus necesidades y deseos.

Este médico intesivista del Hospital Universitario de Torrejón, que desde finales de febrero está atendiendo a paciente del  COVID-19, reconoce con satisfacción que en su Unidad nadie se ha muerto solo, ya que los profesionales facilitaron a los familiares medidas protectoras para esas despedidas, aunque es consciente de que en la mayoría de centros no ha sido así. “Muchos pacientes han fallecido solos tanto en las Unidades como en las plantas, porque la gestión inicial fue cerrar la puerta de los centros y que la gente se conectara por videollamadas, el que tuviera, y si no, ni eso. Con el tiempo se han ido modificando también los protocolos de acompañamiento, pero la gestión inicial, basada en el miedo, fue cerrar los centros a las familias”, explica en total desacuerdo.

Heras sostiene que aún siendo el COVID- 19 una enfermedad contagiosa, hay medios, entre ellas, los trajes, para protegerse. Él mismo estuvo cinco semanas a pie de cama y mientras dispuso de los materiales precisos no tuvo problemas. Fue a raíz de que hubiera un cambio de gestión de los recursos por parte del Ministerio cuando empezaron a sumar algunos profesionales contagiados.

Cuando le cito como ejemplo a países como Alemania que están saliendo mejor parados de la pandemia por su mayor inversión en UCIs, Heras explica que el país germano en los últimos diez años no ha dejado de dotar a su sistema sanitario de medios económicos, mientras que España ha ido reduciendo su  presupuesto. “Además, en las UCIS ,independientemente de los recortes, no estábamos preparados para una pandemia;  ni nosotros ni nadie. Hemos convivido con estos ratios de camas  porque no esperábamos que sucediera lo que está ocurriendo. Otra cosa es la respuesta que se ha ofrecido y la que se podría haber ejecutado, que, desde nuestro punto de vista, el de los profesionales, tendría que haber sido de otra manera. Mucha gente pensaba que los recursos eran suficientes y el sistema era uno de los mejores del mundo y nos hemos dado cuenta de que no”, subraya con conocimiento de causa.

Propuestas sin respuestas

La realidad es que ha habido mucha presión asistencial básicamente en Madrid,  Castilla La Mancha y Cataluña, las tres comunidades autónomas con mayor número de casos “y, quizás, si la gestión de los recursos hubiera sido única, se hubieran derivado los medios de otras Comunidades con menos caso hacia estas tres. Nosotros el 20  de marzo lanzamos un comunicado por las redes sociales pidiendo ayuda en dos sentidos: por un lado, a los profesionales de cuidados intensivos que estuvieran fuera de Madrid para que vinieran a echarnos una mano, porque la situación era desesperada; por otra, la solución que proponíamos era poder enviar pacientes a otras Comunidades que tuvieran menos presión asistencial”.

Pero sus propuestas de soluciones no tuvieron respuesta, aunque ocho días después diferentes sociedades científicas se unieran a ellos. “En esa semana murieron muchas personas. No sabemos qué hubiera pasado si nos hubiera hecho caso, pero sí conocemos lo que ha sucedido por no haber secundado nuestra propuesta”, dice contundente el creador del Proyecto HU-CI.

Entiende que la toma de decisiones en situaciones críticas como la provocada por la pandemia es muy complicada, pero, a su juicio, las decisiones se han basado en ir resolviendo problemas según iban apareciendo, en lugar de ir por delante de ellos o prever las situaciones que iban a ocurrir. “Eran propuestas de gente que como yo hemos estado desde el principio a pie de cama”, explica.

Esta crisis puede ayudarnos a conocer que las UCIs son algo más que instalaciones y máquinas sofisticadas. “En el proyecto HU-CI llevamos haciendo esa reflexión desde hace más de seis años. En el 2017 publicamos la primera edición de nuestro manual  de buenas prácticas en humanización y hay 160 buenas ideas que hablan de lo que debería ser una Unidad de Cuidados Intensivos, con horarios flexibles, cuidado de los profesionales, con estructuras adecuadas, presencia de psicólogos para los sanitarios, fisioterapeutas para prevenir las secuelas y, por supuesto, que se pueda hacer acompañamiento al morir de forma adecuada. Las líneas de investigación van en este sentido. De hecho, hemos creado un modelo de certificación de buenas prácticas de humanización porque pensamos que es la manera de cambiar el sistema; apostar por una Sanidad excelente y ejecutar el Plan que se diseñe y que alguien vaya a verificar que se está llevando a cabo. Con esta pandemia ha quedado claramente demostrado que nuestro sistema no era la mejor del mundo y nosotros tenemos una herramienta que puede ser la mejor del mundo” apunta.

Direcciones de Humanización sin recursos

Sin embargo, aunque la Consejería de Madrid y Castilla-La Mancha han creado Unidades de Dirección General de Humanización de la Asistencia sanitaria no han sido dotadas de recursos humanos, formativos. “Nosotros hicimos un modelo de transformación del sistema, ya que la humanización de la asistencia no es una cosa solo de buenísmo, o de ser buena gente; esa transformación necesita recursos económicos, de personas. No se puede humanizar sin humanos; se precisa también cambios estructurales en los hospitales; ya que estamos trabajando con estructuras del siglo XX. Y hay centros que están construido en los años 60 y 70 con el mismo mobiliario y eso no puede ser”, indica el especialista.

Por eso, Heras quiere recalcar que con el coronavirus se ha puesto de manifiesto que no se puede humanizar la asistencia sin humanos. “Falta una especialidad de Enfermería intensiva que no la hay. No solo se trata de poner respiradores y mascarillas. A mí me puedes dar un avión, pero si no sé pilotarlo me da lo mismo. Los profesionales de cuidados intensivos nos tenemos que reivindicar ahora como piezas esenciales del sistema, porque hemos sido la joya de la corona en el coronavirus; el cuerpo de élite hemos sido los profesionales de intensivos”, apostilla.

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