Con la llegada de la Navidad y las vacaciones en el colegio los niños se quedan en casa y el tiempo de ocio se hace infinito. Es en estos períodos vacaciones cuando las rutinas flaquean y el uso de pantallas puede descontrolarse.

El Plan Digital Familiar de la Asociación Española de Pediatría insiste en que en edades de 0–6 años “cero pantallas, no existe un tiempo seguro”. La Organización Mundial de la Salud va en la misma línea: en sus guías para menores de 5 años se subraya la importancia de reemplazar el sedentarismo con juego activo. Disminuir el tiempo frente a pantallas contribuye al “desarrollo motor y cognitivo” de los niños y mejora su salud a largo plazo. Con el fin de abordar esta situación, el servicio de Pediatría del Hospital Universitario Los Madroños ha desarrollado una guía para padres y cuidadores:

Cinco aspectos para tener en cuenta sobre el uso de pantallas:

1. La sobreexposición temprana puede dificultar el desarrollo del autocontrol y la concentración.

El cerebro de los primeros años crece rápidamente y tiene gran plasticidad. Las funciones ejecutivas (autorregulación, planificación, atención, memoria de trabajo) se instalan en la corteza prefrontal durante esta etapa crítica. Un entorno dominado por pantallas dificulta el aprendizaje de la concentración sostenida y la autorregulación en los más pequeños.

2. Las pantallas producen “una descarga de dopamina” que refuerza la búsqueda continua de novedades.

Las pantallas activan intensamente el sistema de recompensa cerebral, liberando dopamina con cada estímulo visual o auditivo gratificante, algo que se ve incrementado en la preadolescencia y la adolescencia, ya que, en esta etapa, es natural la búsqueda de experiencias y emociones novedosas. Este mecanismo de gratificación rápida induce a preferir estímulos fáciles e inmediatos, reduciendo su paciencia para tareas lentas o complejas.

3. Alteración del sueño

Más allá del cerebro, el uso temprano de pantallas puede provocar alteraciones frecuentes en el sueño, ya que la luz azul de las pantallas puede retrasar el inicio del sueño, alterando los ritmos circadianos.

4. Consecuencias emocionales

El uso descontrolado de redes sociales o videojuegos está vinculado a síntomas de ansiedad, depresión y peor imagen corporal en adolescentes, lo que resulta realmente preocupante puesto que la primera causa de mortalidad infantojuvenil en nuestro país es el suicidio, como indica la Asociación de Médicos de Atención Primaria Pediátrica AMAPED.

5. Qué dice la Fiscalía de Menores

La Fiscalía de Menores recomienda no acceder a redes sociales hasta cumplir 16 años, ya que el uso indebido de las redes sociales puede convertir a los menores en víctimas o autores de diversos delitos.

Según el Doctor Mario Arana Zumaquero, del Servicio de Pediatría de Hospital Los Madroños: “habría que usar pantallas si es posible acompañados y aprovechar para conectar con los adolescentes y comentar la serie o película que hemos visualizado, y retrasar hasta los dieciséis años la entrega del primer smartphone”.

Tres alternativas al uso de pantallas en Navidad

El contacto físico y las interacciones de tú a tú promueven un desarrollo emocional saludable. El mundo digital no puede reemplazar las experiencias sensoriales y sociales (el olor a plastilina o el aroma de las galletas que cocinaste con tu abuela).

“Insto a recuperar las calles para que las próximas generaciones vuelvan a experimentar sensaciones saludables, que el corazón retumbe en el pecho tras pegar una carrera para evitar ser pillado por una compañera o compañero y no por el temor a ser descubiertos tras visualizar vídeos inapropiados que inundan la red”, comenta Arana Zumaquero.

Para contrarrestar los peligros del ocio pasivo en pantallas, se aconseja reemplazarlo por actividades activas y creativas que estimulen cuerpo y mente. Algunos ejemplos efectivos son:

1. Actividades físicas al aire libre

Estas no solo ejercitan el cuerpo, sino que también fomentan la imaginación y la socialización. El juego en la naturaleza incrementa la creatividad, las interacciones sociales y la resolución de problemas, al tiempo que mejora la atención y la concentración. “Una sesión en el parque volando cometas ayuda al niño a desarrollar coordinación motora, confianza y disfrute del entorno real, además de proporcionar vitamina D y aliviar el estrés”, explica Arana Zumaquero.

2. Involucrar a los niños en la cocina cotidiana

Ejercita muchas habilidades útiles y les hace formar parte del proceso. Medir ingredientes refuerza conceptos numéricos básicos y la motricidad fina, mientras que seguir recetas exige atención y paciencia. Además, cocinar juntos fomenta la comunicación y el trabajo en equipo. “Preparar alimentos sencillos con los hijos o nietos mejora la motricidad fina, amplia el vocabulario y desarrolla la paciencia y colaboración. El resultado es un vínculo afectivo fuerte y hábitos de alimentación más saludables”, dice Arana Zumaquero.

3. Pasear por el campo o el bosque

Ofrece un aprendizaje continuo. La exposición a la luz natural y al aire fresco eleva el ánimo y regula el sueño infantil. Además, caminar y explorar refuerza la resistencia física y la curiosidad. El tiempo en la naturaleza disminuye el estrés y la ansiedad, mejora la concentración y la estabilidad emocional, y motiva a inventar juegos espontáneos sin ayudas tecnológica. “Por ejemplo, un paseo por el monte o una excursión en familia convierte cada árbol o piedra en una oportunidad de descubrimiento y aprendizaje”, concluye Arana Zumaquero.

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