Según un estudio realizado entre jóvenes en edades comprendidas entre los 16 y 24 años
A día de hoy, ninguno de los grandes manuales diagnósticos de los trastornos mentales (DSM y CIE) reconocen el uso problemático de pornografía (UPP) como un trastorno mental. Sin embargo, en su última edición, el CIE-11 sí ha reconocido el trastorno de la conducta sexual compulsiva (adicción al sexo) como un trastorno mental incluido en el trastorno por control de impulsos y, dentro de él, el uso problemático de la pornografía ha sido señalado como un síntoma o manifestación.
Hasta la fecha, según Gemma Mestre-Bach, psicóloga e investigadora de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) especializada en adicciones comportamentales, se sabe que los hombres son más propensos que las mujeres a desarrollar este uso problemático y que los adolescentes son una población especialmente vulnerable. Sin embargo, añade, al no haber sido reconocido como un trastorno mental es “muy difícil” tener cifras de prevalencia representativas, aunque estudios recientes estiman que entre el 1% y el 38% de los adultos y entre el 5% y el 14% de los adolescentes podrían desarrollar UPP.
Esta falta de reconocimiento debido a las controversias científicas, añade la experta, también provoca que existan hasta la fecha muy pocos estudios que hayan indagado en la patología dual del uso problemático de la pornografía con otros trastornos mentales. No obstante, sí que existen algunas investigaciones que han relacionado los síntomas de TDAH con el UPP, o que han vinculado el UPP con el trastorno por juego de apuestas (TJ), señalando que la ocurrencia de ambos se relaciona con una mayor gravedad del TJ, una mayor probabilidad de consumo de sustancias, mayor impulsividad, mayor psicopatología y más dificultades en la regulación de las emociones.
Ahora una investigación liderada por Gemma Mestre-Bach y cuyos resultados, pendientes de publicar, se presentaron en el último congreso de la Sociedad Española de Patología Dual (SEPD), celebrado el pasado mes de junio en Madrid, ha pretendido profundizar en ese vacío. Los resultados, obtenidos a partir de una muestra de casi mil adolescentes y jóvenes de entre 16 y 24 años (52% mujeres), parecen no dejar lugar a dudas: Los jóvenes con uso problemático de la pornografía presentan puntuaciones significativamente más elevadas de ansiedad, depresión y somatización; y también una presencia significativamente mayor de otras conductas adictivas, entre ellas al alcohol, juego patológico, drogas, adicción a internet, uso problemático de videojuegos, compras compulsivas o conducta sexual problemática.
Estudios previos sugieren que cuando hay co-ocurrencia entre varias conductas problemáticas ello puede incidir en la respuesta al tratamiento y, por lo tanto, empeorar el pronóstico. Por eso, según la investigadora, estos resultados demuestran que “es necesario desarrollar programas de intervención específicos e integradores, de patología dual, adaptados al perfil de riesgo de la población joven, que aborden simultáneamente las adicciones comportamentales y otros trastornos mentales como el malestar emocional”.
Para Mestre-Bach, la investigación sobre tratamiento del uso problemático de pornografía es todavía muy escasa, pero en todo caso, cuando hay co-ocurrencia entre el uso problemático de pornografía y otras problemáticas, considera que es necesario valorar qué otro trastorno mental hay para ver si es necesario abordarlo en primera instancia. “Algunos estudios sugieren que abordar la sintomatología del uso problemático de pornografía mediante terapia cognitivo conductual podría mejorar la calidad de vida y reducir síntomas co-ocurrentes como los síntomas depresivos, pero todavía faltan muchos estudios para poder llegar a conclusiones sólidas en este sentido”, concluye.
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